La Batalla de Vuelta de Obligado


Se desarrolló el 20 de noviembre de 1845, en el paraje que da nombre al enfrentamiento, donde los patriotas cruzaron cadenas en el río Paraná para tratar de impedir el paso de la flota anglofrancesa.
El río Paraná, a la altura de San Pedro, provincia de Buenos Aires, da una curva y angosta el ancho entre las orillas, que las fuerzas del Ejército argentino usaron como ventaja comparativa para establecer un corte con las cadenas, y fijar tres baterías de artillería con las que esperaban detener la subida de las naves enemigas.
La historia cuenta que la batalla se desarrolló por más de 11 horas y que los patriotas argentinos consiguieron detener la navegación triunfal de los navíos europeos.
Allí, las naves extranjeras quedaron tocadas y, si bien no detuvieron su andar, la resistencia argentina logró insuflar la resistencia en el pueblo.
Las pérdidas sufridas por la flota enemiga dio ánimo a los patriotas y quebró el espíritu triunfalista de los invasores, que querían imponer el comercio de sus productos en el interior del país.

La flota anglofrancesa era la punta de lanza de 95 navíos de carga, repletos de productos para ser colocados en la provincia de Corrientes y en el Paraguay.
La batalla de la Vuelta de Obligado fue la primera de otros tres enfrentamientos, como fueron el paraje Tonelero el 9 de enero de 1846, una semana más tarde San Lorenzo (donde el general José de San Martín había derrotado a los españoles con los Granaderos) y por último Quebracho, sitio donde los patriotas cañonearon a los invasores.
Por esta acción que condujo el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, el libertador San Martín le legó su preciado sable corvo.
Esta batalla fue el principio de una serie de enfrentamientos que hicieron que el enemigo se vuelva a su casa, desilusionado por las pérdidas económicas.
Gracias al empuje y persistencia de los soldados, las sucesivas acciones, cargadas de heroísmo y esperanza, cambiaron esa aparente derrota en un suceso triunfal.
Los europeos abandonaron su plan y se obtuvo una victoria diplomática que benefició ampliamente al país.
Perder una batalla no significa perder la guerra.
A veces en nuestra vida sentimos parecido. Muchos escenarios de nuestra existencia se parecen a la batalla de Obligado. Estamos en desigualdad de condiciones, nos sentimos desprotegidos y parece que nos van a devorar… y a veces así ocurre.
Pero si nos concentramos por dos minutos, vamos a recordar varias circunstancias de nuestra vida donde una derrota, una desgracia, una pérdida, significó, con el tiempo una bendición para nuestra vida.
Pasamos gran parte de nuestra vida enfrentando situaciones en las que nos sentimos menos, derrotados y en falta con el fin esperado. Sin embargo, más tarde comprobamos que aunque nos sentimos mal en ese momento y gustamos el amargo de la derrota, de esas cenizas surgieron cosas nuevas, esperanzas, nuevas miradas de nuestra realidad.
Dios promete acompañarnos en cada batalla perdida, en cada amargura, cuando buscamos sobreponernos sobre aquellos hechos de nuestra vida que nos hacen bajar los brazos.
Me refiero a cuando caminamos a un fin loable, a una meta honrada y sentimos que la perdemos, o nos la roban, buscamos de donde agarrarnos y cuando no tenemos nada, sentimos morirnos.
La experiencia de personas caminando sobre derrotas y dolor, pero cargadas de esperanza y valor se estampa en la Biblia:
Salmo 37
23 El Señor afirma los pasos del hombre cuando le agrada su modo de vivir;
24 podrá tropezar, pero no caerá, porque el Señor lo sostiene de la mano.
28 Porque el Señor ama la justicia y no abandona a quienes le son fieles. El Señor los protegerá para siempre, 34 Pero tú, espera en el Señor, y vive según su voluntad, que él te exaltará para que heredes la tierra. 37 Observa a los que son íntegros y rectos: hay porvenir para quien busca la paz. 39 La salvación de los justos viene del Señor; él es su fortaleza en tiempos de angustia.
Tal vez hoy estés enfrentando a un enemigo implacable y te hayan derrotado. Sin embargo, confiando en Dios, nuevos horizontes aparecen, nuevas perspectivas para la vida y nuevas fuerzas que hacen de la derrota, un escalón para llegar a la victoria
Isaías 40
¿Acaso no lo sabes? ¿Acaso no te has enterado? El Señor es el Dios eterno, creador de los confines de la tierra. No se cansa ni se fatiga, y su inteligencia es insondable. 29 Él fortalece al cansado y acrecienta las fuerzas del débil. 30 Aun los jóvenes se cansan, se fatigan, y los muchachos tropiezan y caen; 31 pero los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas: correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán.
Pero la otra lección es que en un rincón del planeta, hace 2000 años, era condenado a la cruz un maestro judío que fue incomprendido por sus seguidores y odiado por los religiosos. Cuando lo sepultan, ponen un sello en la tumba para asegurarse que nadie haga nada después de su muerte.
Pero esa muestra de aniquilación, de fracaso y de dolor es cambiada por un amanecer de triunfo cuando al domingo siguiente, algunos de sus seguidores comprueban que había resucitado y que ahora ascendía al cielo para ser nuestro triunfante salvador y la fuente de nuestra esperanza.
Es cierto que fue crucificado en debilidad, pero ahora vive por el poder de Dios. , dice San Pablo en 2 Corintios 13. Así fue cuando Jesús murió en la cruz por nosotros. Todo parecía que terminaba para los seguidores del hombre que había predicado del amor y del perdón.
Pero si no hubiera habido una cruz, hoy no habría en el cielo un Cristo poderoso, que venció la muerte y ascendió al cielo, donde intercede por todos los que confían en su sacrificio expiatorio, se reconcilian con Dios y pasan a ser hijos suyos.
Te invito a creer y confiar en este salvador poderoso.
Romanos 8
¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? 35 ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? …estoy convencido de que ninguna cosa en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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