Los tres perros


Tengo tres perros peligrosos: la ingratitud, la soberbia y la envidia.
Cuando muerden dejan una herida profunda.
Martin Lutero


Ay, que golpe bajo nos dio Lutero con esta frase. El famoso reformador protestante se caracterizó por expresar libremente lo que pensaba y aquí nos dejó una gran enseñanza.
Notemos que dice “Tengo” y no “la gente tiene”, algunos tienen”, “pobres de los que tienen”.
En primer lugar hace un examen de conciencia y su resultado arroja un hecho preocupante para su persona: En su interior, donde nadie llega y nadie interviene, en lo más profundo de su ser, encuentra tres animales peligrosos: perros preparados para morder. E identifica sus nombres, sus costumbres y las consecuencias de su ataque.
Muchas veces me he detenido a pensar si en el fondo de mi humanidad, existían estos tres perros. Lamento decir que los encontré, tal vez agazapados, pasando inadvertidos, pero están allí. Sus nombres son intimidantes como las consecuencias de su ataque: dejan una herida profunda

El primero se llama ingratitud. ¡Ay que dolor causa su mordedura!. La ingratitud es pariente de la indiferencia. Es peor que el odio. El que odia, es porque amó, y del odio al amor, dicen los poetas, hay un paso. Pero la indiferencia es nociva. El estado anterior a la indiferencia es la ingratitud. No nos preocupa qué y quien nos hizo un favor. El ingrato no reconoce la gracia, aquello que recibió sin merecerlo. Por la ingratitud, las personas son heridas silenciosamente y se desilusionan para seguir haciendo el bien.
Hay muchas razones por la que somos ingratos, pero la principal es el desprecio por el dador del bien. La definición de diferentes diccionarios de la lengua castellana es coincidente y su significado es: "Olvido o desprecio de los beneficios recibidos.
La ingratitud es la insensibilidad a los favores recibidos. Es la amnesia del corazón. ¿Quién no ha sido pagado con ingratitud? Quien sirve y sabe dar ayuda conocerá a veces la ingratitud.
El siguiente perro de Lutero (y mío) es la soberbia. Mi diccionario dice que puede definirse como la creencia de que todo lo que uno hace o dice es superior, y que se es capaz de superar todo lo que digan o hagan los demás. Es llamada también vanidad o vano (hueco) respecto a la opinión de uno mismo. También se puede tomar la soberbia como la opinión de uno mismo exaltada a un nivel crítico y desmesurado (prepotencia). Y es integrante de la oscura lista de pecados capitales establecida por el dogma católico
Con la soberbia se ha destruido el ánimo de muchas personas y se han cortado lazos de amistad y parentesco.
Su concepción se relacionan con un pasaje del Eclesiastés: vanitas vanitatum omnia vanitas (vanidad de vanidades, todo es vanidad).
Casi todas las representaciones artísticas de la vanidad o de la soberbia están relacionadas con una persona frente a un espejo, valorando parcialmente su persona y no dejando lugar a la crítica sana de su entorno.
Más fácil es escribir contra la soberbia que vencerla., dijo el escritor español Quevedo
La envidia es el nombre del tercer perro que Lutero y yo compartimos. Ay, que carga pesada supone tener envidia. El diccionario la define como el dolor por el bien ajeno. De acuerdo a esta definición lo que no le agrada al envidioso no es tanto algún objeto en particular que un tercero pueda tener sino la felicidad en ese otro. Entendida de esta manera, es posible concluir que la envidia es la madre del resentimiento, algo que no busca que a uno le vaya mejor sino que al otro le vaya peor.
La envidia vino para amargar a las personas. Esa es la única razón de su existencia. Nadie que es envidiado sufre. Solo lo hace el que envidia. Y además deja de disfrutar lo que tiene para sufrir por algo que no le pertenece y tener un sentimiento adverso por su dueño.
Quien la posee, en vez de luchar por sus anhelos, opta por eliminar esa competencia. Por eso la envidia es una defensa típica de personas débiles de espíritu o inseguras.
Bien, ya identificamos estos tres perros peligrosos, pero ahora es necesario saber qué hacer cuando quieren salir y hacer estragos.
La Biblia habla sobre la conducta de las personas cuando estén viviendo muy lejos de Dios:
Pablo, el apóstol, en uno de sus últimos escritos dice:

Ahora bien, ten en cuenta que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios. Aparentarán ser piadosos, pero su conducta desmentirá el poder de la piedad.

Esto significa que vamos a encontrar y lamentablemente a imitar estas conductas porque ya son parte de la sociedad, y más cuanto más alejada esta de Dios y su ética.
Por eso una de las mejores acciones que podemos ejercer contra tanto mal es rendir nuestras vidas a Dios. Darle a él el control de nuestra vida y pedirle a Jesús que entre en nuestro corazón y borre toda nuestra maldad pasada, para que no sea más una referencia en la vida. Y a partir de ahí, vivir bajo la guía de su Espíritu que nos llevará por el camino de la vida
El Señor Jesús invita con amor a todos a acercarse a él para vivir de una manera distinta, libre de esos perros peligrosos:

Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. (Mateo 11:28 y 29)

Por último, recuerdo las profundas palabras que Él declaró en Galilea hace ya veinte siglos y que establecieron las pautas de conducta para todos los que quieren vivir una vida plena:

Mateo 5. 3-9
Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión. Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

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