Velorio o fiesta



Hace unos meses, tuve un día muy particular. Bueno, tal vez te haya pasado a vos también. Por la mañana fui al velorio de la madre de un amigo. Algunos rostros, además del pesar propio que sentían, se veían pensativos y atentos cuando un cristiano leyó la Biblia al despedir los restos mortales de esa señora.
Y por la noche, fui a cenar con unos amigos que me habían invitado a su casa y durante la misma, entre risas y comentarios ninguno de nosotros pensaba en nada profundo, solo pasábamos un grato momento, olvidando los problemas que obviamente todos teníamos que enfrentar al día siguiente.
Ese mismo día fui a una casa de luto y a una casa de fiesta. En ambos había gente, en ambos había conversaciones y sentimientos. Pero en el velorio pensé en el fin de la vida en la tierra, consideré oportuno hacer una balance de mi vida y como aprovechaba la salud y el tiempo, que me da Dios y de paso le agradecí por tener mis cuentas arregladas con El para la eternidad.
Estoy seguro que muchos de los que allí estaban, pensaron como yo, en el fin de la vida y que un día nos tocara estar allí como protagonistas...
En mayor o menor grado, cada asistente habrá pensado en la muerte y habrá temblado si no sabe que hay después de ella o si sabe que no está en paz con Dios...
Pero no recuerdo haber hecho ningún balance de mi vida en la cena con mis amigos ni creo que nadie esa noche haya pensado en su vida y en donde pasará la eternidad...

Leyendo mi Biblia, encontré un pasaje en el Libro de Eclesiastés, capitulo 7 que dice
Vale más ir a un funeral que a un festival. Pues la muerte es el fin de todo hombre, y los que viven debieran tenerlo presente.
La Biblia es muy sabia al afirmar que debemos pensar en nuestro destino eterno porque lo que hagamos en esta vida repercutirá en la eternidad.
Más adelante, dice el mismo párrafo: El sabio tiene presente la muerte; el necio sólo piensa en la diversión.
Aquí radica el espíritu de la enseñanza bíblica: La muerte es un hecho irrenunciable y todo ser humano debe saber que hacer frente a el. Quiero decir, todos debemos saber en que condiciones enfrentaremos la muerte. Tenemos que establecer una posición frente a este hecho y estar convencidos de esto es fundamental porque determinará también como vamos a vivir…
Si creemos que no hay nada más allá de un sepelio, viviremos despreocupados por la muerte, y tal vez hasta le quitemos valor a la vida.
Pero si tenemos conciencia de eternidad, que somos seres trascendentes, como la Biblia lo afirma, tenemos que saber como estamos para enfrentarla.
Puedo dar mi testimonio personal: Desde que yo he creído en mi Salvador, Jesucristo, la vida ha tenido otra percepción, hay esperanza y hay paz, porque mi destino eterno está asegurado…
De ninguna manera Dios promueve el pesimismo o nos invita a que estemos todos lo días con cara de velorio o pensando que nos vamos a morir. Sin embargo nos aconseja que hagamos un alto en nuestro camino, y consideremos en que condiciones nos encontramos ante Dios, si ya nos hemos vuelto a El , si ya vivimos como el quiere y si estamos preparados para pasar de este mundo a la eternidad confiando en que Dios nos llevará al cielo...
El mismo libro de Eclesiastés termina diciendo “ Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre, porque Dios traerá a Juicio todo lo que hicimos junto con toda cosa encubierta, sea buena o mala”
Hay una sola manera de no temer a la muerte y de asegurar nuestra eternidad. Y es confiar en el que venció a la muerte, resucitando al tercer día, me refiero al Señor Jesucristo.
El asegura la eternidad a todos los que se ponen en paz con Dios. Esto viene por creer que su sacrificio es suficiente para acercarnos a Dios.
Cuando nosotros los pecadores no podíamos salvarnos, Cristo murió por nosotros… Dios nos declaró inocentes por medio de la muerte de Cristo. (Carta de Pablo a los Romanos 5:6 y 9)
Si crees esto y se lo decís a Dios sinceramente, hoy mismo tenés asegurado tu futuro con él
Te dejo un texto de la Biblia, donde Pablo, el apóstol de Jesús, le explica a unos sabios de Atenas estas mismas cosas: (Pasaje del libro de Hechos de los Apóstoles, cap. 17)
El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él es Señor del cielo y de la tierra… En verdad, él no está lejos de ninguno de nosotros…pero ahora manda a todos, en todas partes, que se arrepientan. Él ha fijado un día en que juzgará al mundo con justicia, por medio de Jesucristo, su elegido. De ello ha dado pruebas a todos al levantarlo de entre los muertos.

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